El producto fue agregado correctamente
Blog > Textos > El día que la momia regresó
Textos

El día que la momia regresó

Un cuento incluido en La sangre se esparece muy rápidamente (Caja Negra), el extraordinario --en todo sentido-- volumen que reúne los relatos pulp del director de "Plan 9 del espacio sideral".

Texto: Ed Wood.

Bajo los cielos nublados… Más allá de las nevadas cordilleras… Lejos del rugido del océano, donde el sol descarga su tortuosa furia sobre las arenas del desierto y las pirámides se yerguen cerca de la vigilante Esfinge, yace la Tumba de los Faraones…

Ella, la de dorados cabellos, solo ha caído al suelo, desmayada.

Tres mil años han transcurrido desde que Me pusieron aquí, en Mi tumba, para pasar el resto de la eternidad. Ahora, los infieles quitan a paladas la arena… arena que se remonta a un tiempo inmemorial…

Rompen las enormes puertas de Mi tumba…

Entran a la mismísima bóveda de Mi último reposo.

 

Puedo oírlos. ¡Un joven! Su voz es firme… fuerte… Un hombre mayor; su voz deja entrever su sabiduría. Hay una tercera voz. Es de una muchacha. Esta trina de emoción al ver lo que tienen entre sí…

¡Cosas que ningún humano ha visto desde antes de las grandes pirámides!

Luego comienza a chillar, alarmada…

Algo ha caído, sorprendiéndola.

El mayor habla de una calavera que se desprendió de una pila enorme de huesos. Debe ser la de Mi sumo sacerdote, Talau, quien dio su vida para poder cruzar conmigo el Río de los Muertos e interceder por Mí en la Tierra de los Muertos.

Murió en vano.

La pila de huesos… esos son los guardias de la Corte, quienes murieron para poder protegerme en la Tierra de los Muertos, como Me habían protegido con tanto valor en la Tierra de los Mortales.

Murieron en vano.

A algunos les ordenaron que atravesaran con sus lanzas a los demás… y a estos les ordenaron a su vez que atravesaran con sus lanzas a los primeros… y así sucesivamente, hasta que solo quedó el aire. Pero no fue así como este soldado abandonó la Tierra de los Mortales. Antes de llegar a sofocarse, el Dios del Fuego se expandió ferozmente al caerse una urna y lo cubrió por completo, mientras él se retorcía en el suelo de la tumba.

El hombre trata de poner en su lugar el cráneo de Talau en la pila de huesos. El repiqueteo que produce al caer al suelo nuevamente Me dice que no se quedará allí donde quiere dejarla.

El sumo sacerdote está furioso.

La joven ha encontrado un collar y un colgante, que todavía decoraban el cuello del esqueleto calcinado de un soldado…

.... es el sello del faraón…

… que robó de Mi persona Rukari, un guardia del sumo sacerdote Talau… Rukari… un soldado de confianza… Rukari… el último hombre en morir aquí… en Mi tumba.

Conocen su valor histórico… pero distan de comprender el verdadero valor que tiene para Mí. El mayor de ellos es un hombre muy sabio. Se ha percatado de que este soldado de baja categoría debe haber robado el sello al faraón.

Tengo que atraerlos hacia mi sarcófago.

Todo Me parece tan claro ahora…

Ya sé por qué, a lo largo de todos estos siglos, no he visto ni rastro del Río de los Muertos… apenas una profunda oscuridad y pesadillas en un sueño de negrura. Sin Mi collar distintivo, sin el sello que Rukari Me robó, no podía entrar al Reino de los Gobernantes, donde debería morar por el resto de la eternidad.

Condenado a algo que no es ni la vida ni la muerte…

De poder elegir ahora, ¿cuál elegiría? ¿La vida… o la muerte?

Pronto abrirán la pesada tapa de mi sarcófago… pero primero…

… hace falta otra cosa…

Hay algo que deben ver antes…

Siento su presencia cada vez más cerca… la presencia de estos infieles que han profanado Mi tumba… cerca… más cerca… hasta que el hombre alcanza a leer los jeroglíficos de mi sarcófago.

Es la maldición del faraón…

Quienquiera que entre aquí, a la Tumba del Faraón… aquí se quedará… por una eternidad… hasta el infinito de todos los tiempos.

Oigo que levantan la tapa exterior de mi sepulcro. Después de tantos siglos… solo falta un poco más… para recuperar el colgante…

Han quitado la tapa. Los recibe el hedor de la descomposición. Un halo de luz trata en vano de atravesar Mis párpados cerrados. La muchacha ha reprimido un grito. El joven está muy entusiasmado con su descubrimiento. Yo…

Hablan de mis roídos vendajes mortuorios.

Hablan del excelente estado que parece conservar Mi cadáver.

El viejo toma un pergamino enrollado en Mis manos cruzadas. Es un mapa que fija el rumbo a seguir al cruzar el Río y la Tierra de los Muertos para llegar al Palacio de los Faraones…

Tres mil años…

Mis ojos se abren poco a poco.

Siento el dolor punzante de la vista… de la luz… de sentidos que no han sido usados desde hace muchísimo tiempo.

Ahí están, los tres. Me dan la espalda mientras examinan con avidez el mapa.

Tres mil años.

El pelo de la muchacha es dorado y le cae sobre los hombros… parece tan suave… tan hermoso.

¿Qué son esos extraños instrumentos que cuelgan de sus caderas?

Armas, Me imagino… armas de una naturaleza que Me es desconocida… pero armas al fin…

Armas que pueden destruir…

Tres mil años…

Mis ojos han permanecido cerrados…

Lo último que vieron antes del gran sueño…

¡Armas de destrucción!

Lo primero que veo al volver a despertar…

Armas…

Armas de destrucción.

Yo también puedo ser un arma de destrucción… Nadie puede darme muerte de nuevo.

¡Ella, la de dorados cabellos, está gritando!

He matado al joven asestándole un rápido golpe con el brazo. El viejo retrocede, hasta apoyarse de espaldas en la pared de Mi tumba. El arma que sostiene en sus manos habla, y emite palabras de gran estruendo… Siento varias picaduras de abeja… Nada más…

El viejo muere mucho más fácilmente que el otro.

Ella, la de dorados cabellos, solo ha caído al suelo, desmayada.

¡Tres mil años!

… desde que contemplé la arena del desierto… y allí… allí afuera, la arena se desplaza y arremolina en todo su dorado esplendor.

¡Sí!

Allí están… doradas… siempre cambiantes… las hermosas dunas de arena… la arena que parece extenderse hacia el mismo infinito.

Recuerdo cuando fueron construidas las pirámides. Los esclavos arrastraban esos bloques de granito cientos de kilómetros a lo largo y ancho del desierto para traerlos a su posición actual. Esos bloques tallados a mano eran tan perfectos, tan preciosos…

El tiempo y los elementos no han mostrado clemencia con ellos.

El león de la corte todavía monta guardia en la tumba de Lynkah…

… y Kantarir…

… y el resto de mis amigos, a quienes conocí en aquellas épocas tan lejanas…

El cielo es tan deslumbrantemente azul como lo recordaba…

… hace tres mil años…

El sol es abrasador, y sus rayos se reflejan en la arena… el sol… el sol… el sol… el sol que ahora es una tortura para mi antigua piel marchita…

Tres mil años…

… desde que el viento susurrante sopló con dulzura entre las palmeras y me refrescó la cara por última vez.

¿Qué pájaro extraño es ese, que produce un sonido aún más extraño y que veo surcando ahora los cielos?

Al parecer está hecho de algún tipo de metal… Y dispara fuego desde cuatro sitios debajo de las alas. Pero vuela a mucha mayor velocidad que ningún pájaro del que tenga memoria… y a mucha mayor altitud… ahí hay otro… y otro… y otro ahí… y ahí también… y ahí… ¡Y ahí…! ¡Ahí! ¡Ahí!

Un ruido… un ruido tremendo… una explosión… una gigantesca llamarada… una y otra vez… El templo desaparece en medio de una nube de humo y una bola de fuego.

La Esfinge ha desaparecido…

Otro templo más…

¿A qué se debe esta destrucción demencial?

Es un poder más grande que cualquiera que yo haya visto.

Un sonido más fuerte que cualquiera que yo haya oído.

¿Qué son esas cosas?

No pertenecen a mi mundo.

¿Qué mundo es este al que he regresado?

Salvo por las arenas del desierto, no queda nada sobre la faz de la tierra de mi viejo Egipto… Solo en las profundidades… en la tumba… está mi mundo.

¿Me estará deparada la vida…

… o la muerte…

… de nuevo?

Una última y larga mirada al desierto…

Y luego la tranquilidad de Mi tumba otra vez.

Mucho más refrescante…

No había nada que conociera o Me interesara conocer en este mundo.

Ella, la de dorados cabellos, sigue desmayada. ¡Todavía sujeta entre sus manos el sello del faraón!

Una vez más, el sello está en Mi poder. Ahora seré capaz de cruzar con el barquero el Río de los Muertos… y por fin… entrar a la Tierra de los Muertos.

Por fin tendré Mi lugar junto a aquellos que han partido tanto tiempo antes que Yo…

Sí… Todos lo que han partido antes…

Tres mil años…

… antes…

No queda nadie que Me acompañe en Mi viaje con el barquero, que Me acompañe al Río y la Tierra de los Muertos…

¡Un faraón necesita a su reina!

¿Por qué la hermosa muchacha de los cabellos dorados grita tan fuerte, tan incesante y dolorosamente… con tanto pavor, mientras la llevo conmigo hasta las profundidades de nuestro sarcófago?

Debería estar orgullosa de reinar a mi lado en la Tierra de los Faraones…

POR TODA LA ETERNIDAD…

Artículos relacionados

Viernes 18 de diciembre de 2015
La pierna de plomo

Del poeta, letrista, periodista y escritor, autor de El gato escaldado y Carne al sol, uno de los relatos que componen la antología de 20 cuentos policiales argentinos, Fuera de la ley, con selección de Román Setton, que incluye también textos de Roberto Arlt, Conrado Nalé Roxlo y Alfonso Ferrari, entre otros. 

Miércoles 16 de diciembre de 2015
Bomba atómica

Los accidentes, opera prima de Camila Fabbri (Notanpuän), es un libro notable y perturbador.

Viernes 18 de diciembre de 2015
Un yo extraíble

Una lectura de Ágape se paga, de William Gaddis (Sexto Piso).

Martes 15 de diciembre de 2015
Copypaste

Un nuevo autor joven se presenta en la sección "Clics Modernos".

Martes 29 de diciembre de 2015
Abril

"La poesía pone al lenguaje en un lugar muy extremo. Lo pone en el lugar de la incertidumbre". Carlos Batilllana presenta la última entrega de su poesía seleccionada, con un poema de Estela Figueroa.

Martes 22 de diciembre de 2015
"Gloria", Edgardo Zotto

Tercera entrega de la serie curada por el autor de Velocidad crucero. Presenta poemas de Edgardo Zotto: "Un acto de voluntad por estar en la belleza".

×
Aceptar
×
Seguir comprando
Finalizar compra
0 item(s) agregado tu carrito
MUTMA
Continuar
CHECKOUT
×
Se va a agregar 1 ítem a tu carrito
¿Es para un colectivo?
No
Aceptar