Cuatro poetas cordobesas IV

Martes 03 de noviembre de 2015
Para despedirse de su mes de curaduría, la autora de El arte de caer nos deja piezas de Carina Sedevich.
Selección Griselda García.
Carina Sedevich nació en Santa Fe en 1972 y reside en Villa María, Córdoba. Ha publicado La violencia de los nombres (Ediciones Fe de Ratas, Santa Fe, 1998), Nosotros No (Lítote Ediciones, Santa Fe, 2000), Cosas dentro de otra cosa (Lítote Ediciones, Santa Fe, 2000), Como segando un cariño oscuro (Llanto de Mudo Ediciones, Córdoba, 2012, con reedición en España), Incombustible (Alción Editora, Córdoba, 2013, con reedición en España) y Escribió Dickinson (Alción Editora, Córdoba, 2014). En 2015 aparecerán Klimt (por Suburbia Ediciones, Gijón, España y Club Hem Editores, La Plata, Argentina) y Gibraltar (Dínamo Poético Editorial, Córdoba). Parte de su obra ha sido editada en antologías y publicaciones literarias de diversos países y traducida al portugués y al mallorquín. Es licenciada en Comunicación y especialista en Semiótica.
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De Gibraltar (de aparición en 2015, Dínamo Poético editorial)
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Dispongo una manta a los pies de la cama.
El fulgor de la luna en la ventana
se disipa cuando cierro los postigos.
Escucho a mi gata mientras bebe
de una taza olvidada en la cocina.
La noche entre las dos es agua dulce.
El corazón no se recoge ni desborda.
Comprendo que la soledad, como el amor,
trascurre mejor para un espíritu austero.
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de Escribió Dickinson (Alción Editora, Córdoba, 2014)
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A veces es triste lo que hago con mis manos.
Hoy remendé el camisón de seda
que me trajiste de la China.
Lo uso solamente para mí:
se va gastando
y no habrá más camisones de la China.
Sólo éste.
Lo voy a usar como solía usar tu amor:
todos los días.
Que dure lo que dure
y que conserve las huellas
de mi cuerpo,
que sigue estando vivo,
y de todas
las cosas aledañas.
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De Klimt (de aparición en 2015 en Suburbia Ediciones, Gijón, España y Club Hem Editores, La Plata, Argentina)
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Mi vecina ha lavado ropa oscura
y la ha extendido en una cuerda al sol.
Admiro la coherencia del conjunto.
Me regocija
la pulcritud de mi vecina:
la economía con que ordenó el tendido
y dispuso los broches de madera
sin encimar las prendas
ni estirarlas.
Solía tender cuando tenía un patio,
un hijo pequeño, un compañero.
Fui dulce y cuidadosa con sus ropas.
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*
Los chinos saben matar un pez
con varas de bambú
en la garganta.
El pez no cierra los ojos
ni se aquieta
mientras desprenden
sus escamas.
Los chinos saben
de las emociones
que estanca la muerte
en cada víscera.
*
Deseo a veces
la suerte de los peces.
Algún destino útil,
de alimento.
Ya lo he comprendido,
sin embargo:
hay veneno también
en mi deseo.