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Cuatro poetas cordobesas II

Segunda entrega de la serie curada por la autora de. Hoy comparte poemas de Laura García Del Castaño.

Selección de Griselda García.

Laura García Del Castaño nació en Córdoba en 1979. Publicó, en poesía, El grito (edición de autor, 2004), La vida en que sueñas (Recovecos, 2012), El animal no domesticado (Pan Comido, 2014) El sueño de Sara Singer (Llanto de mudo, 2014) y Los demonios del mar (Ediciones Del Dock, 2015). Publica en el blog: www.lapalabrasembrada.blogspot.com

a

Poemas de Los demonios del mar (de próxima aparición en Ediciones Del Dock, octubre de 2015).

a

 

el curso del agua

 

La luz ya había muerto entre nosotros.

María Teresa Andruetto

no tenemos una foto nuestra, dijiste

entonces recordé esa frase

que del amante nunca existen fotos

del amante se tiene una pequeña muerte

evaporándose al sol de las tres de la tarde

querías una foto, la única ventana posible

una foto con el peso de una piedra

que pudiera explicar por qué lejos de allí éramos otros

una foto para desviar el curso del agua

que valiera el tiempo de una guerra

luego terminamos

como terminan los amantes

vos te entregás

a todo el que quiera llevarse un pedazo, sentenciaste

y tenías razón

ahora soy una mujer muda, inmóvil

como una foto, como la piedra

que a mitad de la noche cambia el curso del agua

y vos seguís siendo el reflejo del sol

que huye de un cuadro a las tres de la tarde

el cuadro que esperaba veinticuatro horas

por ese brevísimo flagelo

así es el amante

el disparo de una cámara llevándose

toda la luz de una ceguera

y vos te llevaste todo

menos esta foto que hoy sujeta

la única ventana abierta

para desviar el curso del sol

 

 

 

alguien llama y enciende en tu corazón otra bengala

 

 

después de mucho pensar no arriesgas la respuesta

y resuelves que eso es vivir

luchas por descifrar una fórmula

y sufres a cada paso el desdoblamiento de tu máscara

descubres que toda palabra es humo

de un bosque que no arde

la fe es un brote

que si prospera estrangula

la certeza desata la perra de su cobardía

sacas del fondo la rosa oliva

porque alguien dijo que era tóxica

guardas el mismo traje azul

para la felicidad y el velorio

compras regalos del peso de tus flaquezas

pasajes a lugares remotos

cuya distancia es el largo de tu pena

buscas amoblar tus espacios vacíos

envías tarjetas con bares bohemios

donde un mozo sirve un último Tom Collins

imaginas que tu obligación

se extingue en ese trago

y que el error va a limpiarse

en esa pequeña mesa

compras mascotas para que habiten tu casa

por todo el tiempo que no habitas en ella

tienes espejos cada vez más pequeños y redondos

la soledad duerme en dos plazas

y el mejor amante se estropea en las fotos

despliegas el arte de convertir

la música en huésped

la sonrisa en comodidad

la bañadera es una balsa

el jabón una brasa

el vino alucinación

las diferencias se dirimen con silencios

tienes herramientas para abrir o torcer

accesorios para no quedar a oscuras

tu espera se evapora

al ritmo del agua que pones para un té

y has puesto tanto empeño en despertar

que el agua se tarda

y en ese instante alguien llama

y enciende en tu corazón otra bengala

 

 

 

 

afuera aúllan los lobos

 

 

salir de un cuarto deshecho

mientras afuera aúllan los lobos

andar con algo menos, como arrancado

ordenar los poemas

mudar lo que resta entre nosotros

comprar peces, cortar el jamón

advertir una nitidez esclava de lo perdido

rompo la camiseta que me regalaste

uso su manga para limpiar los muebles

 

arruinados por la obsesión que el tiempo

tiene con nosotros

queremos lo que no hay

y tironeamos de los demás para que ocupen ese traje

¿somos estadías en la ausencia o somos el rastro?

estas noches tienen las facciones de lo eterno

soñé con el infarto de mi mano izquierda

soñé con el techo de ese hotel

reflejando nuestra fiebre

te abrías como una flor carnívora

adentro raspabas

como las uñas de un muerto

soñé que el dolor tenía la profundidad de un pozo

donde se ahogaba alguien llamado Oscar

desperté

escribí la palabra llave para liberarme

miré una vez más tus fotos

la de tus pies

tiene tal placidez

que nunca pude advertir que huirías

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