Cuatro poetas cordobesas II

Martes 20 de octubre de 2015
Segunda entrega de la serie curada por la autora de. Hoy comparte poemas de Laura García Del Castaño.
Selección de Griselda García.
Laura García Del Castaño nació en Córdoba en 1979. Publicó, en poesía, El grito (edición de autor, 2004), La vida en que sueñas (Recovecos, 2012), El animal no domesticado (Pan Comido, 2014) El sueño de Sara Singer (Llanto de mudo, 2014) y Los demonios del mar (Ediciones Del Dock, 2015). Publica en el blog: www.lapalabrasembrada.blogspot.com
a
Poemas de Los demonios del mar (de próxima aparición en Ediciones Del Dock, octubre de 2015).
a
el curso del agua
La luz ya había muerto entre nosotros.
María Teresa Andruetto
no tenemos una foto nuestra, dijiste
entonces recordé esa frase
que del amante nunca existen fotos
del amante se tiene una pequeña muerte
evaporándose al sol de las tres de la tarde
querías una foto, la única ventana posible
una foto con el peso de una piedra
que pudiera explicar por qué lejos de allí éramos otros
una foto para desviar el curso del agua
que valiera el tiempo de una guerra
luego terminamos
como terminan los amantes
vos te entregás
a todo el que quiera llevarse un pedazo, sentenciaste
y tenías razón
ahora soy una mujer muda, inmóvil
como una foto, como la piedra
que a mitad de la noche cambia el curso del agua
y vos seguís siendo el reflejo del sol
que huye de un cuadro a las tres de la tarde
el cuadro que esperaba veinticuatro horas
por ese brevísimo flagelo
así es el amante
el disparo de una cámara llevándose
toda la luz de una ceguera
y vos te llevaste todo
menos esta foto que hoy sujeta
la única ventana abierta
para desviar el curso del sol
alguien llama y enciende en tu corazón otra bengala
después de mucho pensar no arriesgas la respuesta
y resuelves que eso es vivir
luchas por descifrar una fórmula
y sufres a cada paso el desdoblamiento de tu máscara
descubres que toda palabra es humo
de un bosque que no arde
la fe es un brote
que si prospera estrangula
la certeza desata la perra de su cobardía
sacas del fondo la rosa oliva
porque alguien dijo que era tóxica
guardas el mismo traje azul
para la felicidad y el velorio
compras regalos del peso de tus flaquezas
pasajes a lugares remotos
cuya distancia es el largo de tu pena
buscas amoblar tus espacios vacíos
envías tarjetas con bares bohemios
donde un mozo sirve un último Tom Collins
imaginas que tu obligación
se extingue en ese trago
y que el error va a limpiarse
en esa pequeña mesa
compras mascotas para que habiten tu casa
por todo el tiempo que no habitas en ella
tienes espejos cada vez más pequeños y redondos
la soledad duerme en dos plazas
y el mejor amante se estropea en las fotos
despliegas el arte de convertir
la música en huésped
la sonrisa en comodidad
la bañadera es una balsa
el jabón una brasa
el vino alucinación
las diferencias se dirimen con silencios
tienes herramientas para abrir o torcer
accesorios para no quedar a oscuras
tu espera se evapora
al ritmo del agua que pones para un té
y has puesto tanto empeño en despertar
que el agua se tarda
y en ese instante alguien llama
y enciende en tu corazón otra bengala
afuera aúllan los lobos
salir de un cuarto deshecho
mientras afuera aúllan los lobos
andar con algo menos, como arrancado
ordenar los poemas
mudar lo que resta entre nosotros
comprar peces, cortar el jamón
advertir una nitidez esclava de lo perdido
rompo la camiseta que me regalaste
uso su manga para limpiar los muebles
arruinados por la obsesión que el tiempo
tiene con nosotros
queremos lo que no hay
y tironeamos de los demás para que ocupen ese traje
¿somos estadías en la ausencia o somos el rastro?
estas noches tienen las facciones de lo eterno
soñé con el infarto de mi mano izquierda
soñé con el techo de ese hotel
reflejando nuestra fiebre
te abrías como una flor carnívora
adentro raspabas
como las uñas de un muerto
soñé que el dolor tenía la profundidad de un pozo
donde se ahogaba alguien llamado Oscar
desperté
escribí la palabra llave para liberarme
miré una vez más tus fotos
la de tus pies
tiene tal placidez
que nunca pude advertir que huirías