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Me espera un largo viaje

Bien al sur, de Gabriel Grätzer y Martín Sassone (Ed. Gourmet Musical) es un libro esencial para conocer la historia del blues en la Argentina.

Por Irina Ponti.

La editorial Gourmet Musical tiene varias joyas en su catálogo. Por mencionar algunos títulos: Charly en el país de las alegorías, de Mara Favoretto, Como vino la mano, de Miguel Grinberg, Cancionistas del Río de la Plata, de Martín Graziano, Vendiendo Inglaterra por una libra. Una historia social del rock progresivo británico, de Norberto Cambiasso, Proust, músico, de Jean-Jacques Nattiez. Indudablemente Bien al sur. La historia del blues en la Argentina, de Gabriel Grätzer y Martín Sassone, integra esa lista.

A través de más de 60 testimonios de primera mano, pero también con recortes de prensa y citas de libros especializados, rescates de entrevistas en radio y televisión, e incluso la mención de artículos de Victoria Ocampo en “Sur” y cuentos de Jorge Luis Borges, Bien al sur, casi un rastreo arqueológico, da un acabado panorama del blues local, desde las raíces —iniciadas en la música negra que llegó al país en el siglo XIX— hasta la frondosa copa de estos años. La metáfora no es mía: en la portada, junto a la encrucijada de dos caminos (como en la película de Ralph Macchio), hay un gran árbol verde que le da sombra a un mini Pappo feliz.

«El blues en español es un invento argentino», dice Ricardo Tapia —el “joven maravilla” que formó la Mississippi Blues Band— hacia el final del libro. Ese es un efecto del Bien al sur: entender cómo los músicos argentinos tomaron al blues estadounidense y al británico y los reconstituyeron en un sonido propio que contaminó América latina, con Manal y Pappo como grandes íconos precursores. Bien al sur no es un libro para entendidos. O, mejor dicho, no solo para ellos. Con vasos comunicantes con músicos de rock y pop, con la política como telón de fondo, es por momentos un libros de anécdotas —hay una de Pipo Lernoud en un hotel alojamiento que copio abajo porque es irresistible—, por momentos es una historia de personajes, por otros es un libro de historia. Hay apartados especiales para Memphis La Blusera y para la Mississipp Blues Band, para "antros" míticos como Oliverio y el Samovar de Rasputín, y hay historias de amistad como la de Pappo y B.B. King (la primera vez que B.B. King tocó en Argentina, Pappo le regaló una horma de queso, desde entonces B.B. le decía "Mr. Cheesman"). Aquel que busque información específica no va a sentirse defraudado: hay muchísimos datos, muchísimos. Tantos que, hay que decirlo, algunos capítulos son un poco agobiantes. El capítulo 5, “El boom de los noventa, la década bluseada”, es el racconto de más de 30 páginas mes por mes, show por show, de todas las bandas y músicos extranjeros que tocaron en el país, con la información de qué grupo teloneó, quiénes fueron invitados y cuáles fueron los temas más destacados.

La anécdota de Lernoud:

Nosotros íbamos mucho al Hotel Dixon, y el tipo tenía un tocadiscos por el cual pasaba la música. Nosotros caíamos muchas noches… éramos siete u ocho parejas, nos metíamos todos juntos en el hotel a las tres de la mañana, porque a partir de esa hora te dejaban quedarte a dormir. Una noche viene Javier [Martínez] con discos que le había prestado Claudio Gabis y tenía uno de John Mayall, y se lo dio al tipo que lo puso en el tocadiscos, que era un tocadiscos espantoso, pero en esa época no importaba. Y entonces lo pasó por el sistema de todo el hotel. Entonces todo el hotel escuchaba a John Mayall y en un momento yo estaba haciendo el amor con mi novia y golpean la puerta de mi habitación al grito de “¿Escuchaste esa viola, hijo de puta? Es un pibe que se llama Eric Clapton, ¡mirá cómo toca!”. Era Javier desnudo en el pasillo del hotel.

Bien al sur es para leer con tiempo. Sobre todo porque es inevitable saltar del libro a los discos. Al final, Grätzer y Sassone dejan una lista de 50 discos esenciales del blues local, que van desde “Manal” (1970) hasta “Water me”, de Cristina Aguayo (2014), pasando por “Pájaro y la murga del Rock and Roll”, de Pajarito Zaguri (1976), “Alma bajo la lluvia”, de Memphis La Blusera (1982), “Cuatro mujeres y un maldito piano”, de Las Blacanblus (1994), “Una vieja historia”, de Durazno de Gala (1994), “Buscando un amor”, de Pappo (2003), etc. Algunos hoy son inahallables. Gracias a Dios estamos en tiempos de Youtube y Spotify.

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