Herramientas del pensamiento

Jueves 03 de diciembre de 2015
"La textualidad electrónica presume de la existencia de un original escrito, pero todos sabemos que esa presunción es elíptica". Presentamos la introducción a Últimas noticias de la escritura (Entropía).
Por Sergio Chejfec.
Prácticamente ya nada impide que un libro normal sea copia gráfica de un manuscrito. Ni a los efectos del registro textual ni de la indexación sería un obstáculo insalvable que el texto no hubiese pasado por un procesador. Un gran argumento de los fabricantes de las primeras máquinas de escribir señalaba que con esa nueva ayuda se evadía la imprenta: el escrito quedaba como si hubiera sido impreso. Desde el modo manuscrito hasta el digital, pasando por las variantes mecánicas y electrónicas, y sus combinaciones y distintas formas de reproducción, la escritura se predicó a lo largo del tiempo de las mediaciones a las que precisaba acomodarse para alcanzar una nueva materialidad. Y también se sometió a ellas. La paradoja más reciente de esta prolongada carrera de materialidades es la plasticidad con que la esfera digital, que de por sí tiene una relación conflictiva con todo estatuto físico, emula cualquiera de las otras mediaciones sin menoscabo de su intangibilidad ni de la elocuencia de sus versiones.
Toda herramienta de escritura lo es también de pensamiento –Nietzsche dixit–. La escritura digital no escapa a esta regla, incluso la excede, porque lo digital en su conjunto tiende a producir también, en algunos casos, nuevos verosímiles de representación narrativa. Una de las premisas de este libro es que la escritura como tal, en tanto inscripción sobre una superficie, en la era digital se confronta con mecanismos analógicos inmateriales: la textualidad electrónica presume de la existencia de un original escrito, pero todos sabemos que esa presunción es elíptica, remite a un paso innecesario para la escritura, aunque esta se presente como si hubiese cumplido con los necesarios requisitos físicos.
El esfuerzo de la escritura digital por solapar la ausencia de sustrato físico obedece a esa condición incompleta, a su profunda inmaterialidad. Pero lo que falta debe ser repuesto, aun de manera ilusoria. Notoriamente es esa una preocupación central de varias propuestas literarias y estéticas en general: sustituir una pérdida, más bien rectificar un mal paso. Es cuando el manuscrito o algunos de los atributos más fuertemente vinculados con él son directa o indirectamente convocados por la escritura digital, a modo de reparación de una incompletud.
Así, escritura manual y digital serían extremos distantes y al mismo tiempo enlazados de una actividad con rasgos de naturaleza. La escritura está presente en el mundo como una dimensión natural de la existencia de las cosas. Este libro intenta describir algunos de los efectos o las posibilidades literarias de esos insidiosos lazos de convivencia entre ambas escrituras.