“Que más autores argentinos encuentren lectores en el extranjero”

Miércoles 09 de diciembre de 2015
Victoria Rodríguez Lacrouts está a cargo del área de Letras de la Fundación TyPA, que organiza la Semana de Editores, en la que editores del extranjero se ponen en contacto con la producción literaria argentina. Una nueva entrega del dossier de editores.
Por Patricio Zunini. Foto: Diego Zwengler.
La Fundación TyPa cumplió este año una década de vida, aunque ya antes de constituirse como tal venía realizando ciertos programas y actividades. De hecho, en abril se realizó la 13° Semana de Editores —y está abierta la convocatoria para la próxima edición—, que organiza la visita de editores de diferentes países con el objeto de promover la publicación de autores argentinos en el extranjero. El área de Letras de TyPA está a cargo de Victoria Rodríguez Lacrouts, quien además es la directora de la Fundación Tomás Eloy Martínez. Continuando el dossier sobre el estado de la edición en la Argentina, la entrevistamos para conocer más sobre las tareas de la Fundación TyPA.
—La Semana de Editores —explica— es el proyecto más importante del área del Letras, pero a lo largo de los años fueron surgiendo otros programas con el mismo objetivo: difundir la literatura argentina en el mundo a partir de un criterio muy básico, como es el de valorizar la traducción como puente habilitante entre culturas. A partir de este objetivo, se hace la Semana y también distintos talleres. Desde hace tres años realizamos el taller “Traducir la imaginación”, que conjuga traductores, escritores, especialistas y editores de literatura infantil, tanto locales como extranjeros. Nos parece interesante hacerlo en ese marco porque una discusión en relación a la traducción de una palabra en la literatura infantil en realidad discute toda la literatura infantil. No se discuten meramente cuestiones estilísticas. Entonces, tiene una mirada sobre la literatura infantil, sobre cómo se piensa en el mundo de la edición, de la traducción, del autor. Tratamos que toda la cadena de producción esté presente en el taller. TyPA tiene una pata específicamente en la cultura en sí, pero también otra que discute la industria cultural.
—¿Cómo funciona la Semana de Editores?
—El objetivo es poder brindarles a los editores extranjeros la foto más completa posible del estado de la literatura argentina. Y, a la vez, darles herramientas para que puedan leer literatura argentina. Entonces se les arma un programa muy intenso donde tienen charlas con críticos literarios, con periodistas, con editores, con autores. Tratamos de que todos los años sean críticos diferentes y somos muy específicos en lo que les pedimos, porque van a estar ante un público compuesto de editores, no de académicos, y que muchas veces tienen nociones medio atadas con alambre de literatura argentina. Es lo que nos pasaría a nosotros si fuéramos a otro lado. Tienen los nombres más importantes: tienen a Borges, a Cortázar, algunos a Roberto Arlt. Entonces tratamos de que puedan incluir esos nombres en una línea un poco más amplia y darles algunas herramientas de lectura para que después, a lo largo de la semana, cuando van a ir encontrándose con millones de nombres y estéticas, puedan establecer determinadas filiaciones entre un autor y otro.
—¿Cómo se seleccionan los editores del extranjero?
—Se envía una convocatoria en noviembre. Es una convocatoria muy amplia a editores, agentes, scouts. Lo que se tiene en cuenta, como dato número uno, es que la editorial tenga en el catálogo algo de traducción. Puede que todavía no hayan traducido nada del español, pero sí tienen que mirar al mundo. Después, obviamente, es fundamental la calidad de la editorial. También se tiene en cuenta la edad y el tamaño. Está bueno que en un programa convivan grupos grandes con editoriales unipersonales. Y también nos arriesgamos un poquito con las editoriales que no tienen muchas referencias, pero que se puede intuir que tiene un buen catálogo —este año, por ejemplo, vino una de Turquía.
—¿Fundación TyPA busca que el autor argentino se publique en el extranjero o que las editoriales argentinas entren en relación con las extranjeras?
—Las dos cosas. De hecho, organizamos el salón de derechos que tiene la Feria del Libro de Buenos Aires, con lo que siempre hay vinculaciones profesionales y hacemos reuniones donde los editores argentinos le presentan directamente su catálogo a los invitados. Las dos caras de la moneda de la Semana son la literatura y la edición: el objetivo final es que haya más autores argentinos que encuentren lectores en el extranjero, que se traduzcan. Es un proceso muy lento, pero que sin dudas, después de 13 años fue dando resultados. La Semana viene haciendo una tarea de evangelización con los editores argentinos sobre la importancia de vender derechos afuera. Por más que sea una ganancia ínfima al principio o que sean procesos súper largos, vale la pena el esfuerzo. Por otro lado, muchas editoriales de afuera están empezando a entender un poco más acerca de lo que pasa en nuestro país. Muchos autores argentinos empezaron a encontrar sus traducciones gracias a la semana.
—¿Los editores extranjeros hablan con los autores?
—Cómo incluir al autor dentro de un programa así es bastante complicado. Yo siempre estoy dándole vueltas al asunto. En los últimos años, los invitamos a participar en lecturas organizadas por nosotros. Hacíamos una lectura, después tomaban algo y la cosa se desenvolvía de una manera más natural. Pero además los editores siempre llegan con una reunión previa o nos piden que les demos el contacto de alguien en particular. Antes de armar el programa les hago tres o cuatro preguntas y una de ellas es para saber si quieren conocer a un autor en particular. Este año, por ejemplo, me pidieron conocer a Vera Giaconi, Pablo Katchadjián, Mariana Enríquez.
—Yo hubiera esperado otros nombres más "mainstream" como Guillermo Martínez, Sergio Bizzio.
—Eso es lo que nos sorprende año a año. Pero a la vez sé que eso es por el trabajo de la Semana. El mayor interés es hacia las editoriales chicas y los autores de esas editoriales.
—¿Invitan a agentes?
—Han venido. Sin embargo estoy convencida de que el sujeto prioritario no es el agente si no el scout. Para un programa como la Semana es mucho más efectivo. El agente ya tiene su cartera de autores y es más complicado para él sumar a un autor nuevo. No sé por qué. Pero también al que vemos como un scout súper poderoso es al traductor. Lo que pasa es que hay que hacer que ellos se enteren, que lo acepten, que lo fomenten. En cada Semana traemos a un traductor; esta vez, por un programa especial vinieron cinco. Y siempre que convocamos a un traductor, tenemos el criterio de ver cuáles son sus redes de influencia, dónde trabajó... Su opinión es muchísimo más influyente que la de un agente.
—¿Cómo se evalúa la Semana de Editores?
—El primer termómetro que tenemos es la dinámica que se establece en el grupo. Después tenemos una reunión final donde cada uno hace un comentario sobre los encuentros que tuvieron, qué sacaron en limpio, y ahí, más o menos, nos damos cuenta si el objetivo se cumplió. La verdad es que siempre se cumple. Eso también es buenísimo. El objetivo se cumple: ellos se van con nombres concretos y puntas de lectura.
—¿Cuántos autores se publicaron en el extranjero a partir de la Semana de Editores?
—Hay un apartado en la página con la lista. Cada tanto mandamos mails a todas las editoriales que pasaron por la Semana y les preguntamos qué nuevo autor incluyeron en sus catálogos. Martín Kohan es el primero que se me viene a la cabeza, Sergio Bizzio también. Periférica publicó Los Pichiciegos después de participar en la Semana de Editores. Pensá que se hace desde 2001. Son muchísimos autores.
—¿Cómo se financia Fundación TyPA?
—TyPA no tiene fondos propios. Es decir que cada área se financia a sí misma. Tampoco tiene un mecenas que dé plata para poder desarrollar los programas, con lo que cada programa sale a buscar su propio financiamiento. Es un sistema muy artesanal. En el área de Letras estamos trabajando con Mecenazgo y también con embajadas. Tratamos de que la Semana de Editores coincida con la Feria porque la Feria nos apoya. De acuerdo a cómo vaya el financiamiento podemos conseguir los pasajes de los invitados. A veces no se pueden conseguir y entonces queda a criterio del editor si viaja o no. De todas maneras, hasta en las becas más prestigiosas de instituciones enormes el pasaje se lo paga el interesado. Acá cubrimos todos los costos. A los traductores, en cambio, sí se les paga el pasaje porque se parte de la base que no hay una empresa atrás que se lo pueda pagar. Son independientes. Entonces cuando se fue a pedir recursos en Mecenazgo, contemplamos esos pasajes.
—¿Cómo es la relación entre TyPA y Books from Argentina?
—Nos habían convocado para las primeras reuniones, pero nos fuimos. Creo que a tiempo. Había mucha gente con criterios e intereses muy distintos para la toma de decisiones. Por ejemplo, las cámaras tienen intereses directos en la venta de libros y TyPA no. Se discutió cómo podía ser la vinculación de TyPA, pero al final no seguimos. Fue una pena. Me da pena que esa página esté abandonada. Pero tampoco había un criterio curatorial, que es lo que me parece lo más interesante: si hacés un reservorio en el que entra todo, ¿qué estás mostrando? Tenés que guiarlo. Se podría haber hecho un proyecto súper lindo con espacio para todo, pero que fuese algo más que un reservorio donde subir libros disponibles para otras lenguas.
—Al trabajar en TyPA seguramente tenés una idea sobre el mercado editorial.
—Con la atomización yo creo que pierde muchísimo, y los sellos que fueron comprados por las megamultiempresas, obviamente, van a perder. No lo veo como algo positivo. Lo de Tusquets lo veo con mucha tristeza, lo de Alfaguara también. No le encuentro el sentido porque no tengo cabeza de editora. Pero más allá de eso creo que hay salud en el mercado editorial. Es increíble lo que está pasando con los sellos más chicos. De 2001 a esta parte se abrieron un montón. Muchos se cerraron, pero también muchos se siguen abriendo. Hay muchísimas editoriales que se profesionalizaron, como Ediciones Godot, por ejemplo. Editar por editar tampoco está bueno, obvio, pero veo una energía que no terminó, que está muy activa. Hoy, mucha gente que escribe, que es mucha, tiene lugares a donde ir a tocar el timbre.