Pasik subraya a Boris Vian

Lunes 14 de diciembre de 2015
La periodista y escritora, autora de Inicio e Historia de una chica que se enamoró de un pez, comparte los subrayados que hizo en La hierba roja, de Boris Vian, en 1992: "Me asombra cómo aún me toca de alguna forma, tal vez por otro motivo que por el que lo marqué, pero me sigue hablando".
Selección de Daniela Pasik.
“Tocaban la noche con todo su cuerpo”.
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"-No es el hecho de estar sin trabajar lo que me vuelve loco –dijo Wolf-. Lo soy por naturaleza. No exactamente loco, pero me siento incómodo".
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"-Todo lo que no sea un color, un perfume o una música –dijo contando con los dedos- es una estupidez.
-¿Y una mujer? –protestó Lili-. ¿La propia mujer?
-Una mujer no, lógicamente –dijo Wolf-, porque, como mínimo, es las tres cosas a la vez".
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"-No es verdad –dijo-. Usted no es así. Los curas no son tolerantes. Es un camuflaje. Espionaje. Propaganda. Viento.
-Pero sí –dijo el cura-, es esto lo que lo induce al error. Somos muy tolerantes.
-Vamos, vamos –dijo Wolf-, ¿qué puede ser más tolerante que un ateo?
-Un muerto –dijo negligentemente el Padre Grille metiéndose la billetera en el bolsillo-. Bueno, gracias, muchas gracias. Vaya a ver al siguiente".
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“¡Qué calvario! Dieciséis años… dieciséis años con el culo pegado a un banco duro… dieciséis años de chanchullos y honestidad alternados. Dieciséis años de aburrimiento: ¿qué queda de ellos? Imágenes aisladas, ínfimas… el olor de los libros nuevos el primero de octubre, las hojas que dibujábamos, el vientre asqueroso de una rana disecada en clase de prácticas, con su peste a formol, y los últimos días de curso, cuando nos dábamos cuenta de que los profesores son personas porque también ellos se van de vacaciones. Y ese miedo atroz, del que ya no recuerdo la causa, las vísperas de los exámenes… Costumbres regulares… todo se reducía a esto… pero ¿sabe usted, señor Brul, que es un crimen imponer a los niños un horario que dura dieciséis años? El tiempo es un engaño, señor Brul. El tiempo real no es mecánico, no está dividido en horas iguales…. el tiempo de verdad es subjetivo, se lleva adentro. Levántese a las siete todas las mañanas. Almuerce al mediodía, acuéstese a las nueve… y no tendrá nunca una noche suya… no sabrá nunca que hay un momento en que, al igual que la marea deja de bajar y se queda un instante inmóvil antes de subir, el día y la noche se mezclan y se funden, y forman una barra de fiebre semejante a la que forman los ríos cuando desaguan en el océano”.
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"-Envejecer no es una tara –dijo el señor Brul.
-Sí –respondió Wolf-. Deberíamos avergonzarnos de nuestro desgaste.
-Pero si a todo el mundo le pasa lo mismo- objetó el señor Brul.
-Y no tiene ninguna importancia –dijo Wolf-, si se ha vivido. Pero de lo que me quejo es de que se empiece por envejecer. Mire, señor Bul, mi punto de vista es simple: mientras exista un lugar en el que haya aire, sol y hierba, tenemos la obligación de lamentar no estar ahí, sobre todo si somos jóvenes".